Inicio
Menú principal
Inicio
Programa
Plan de acciones inmediatas
Artículos Educación Superior
Curriculum
Contactar
Buscar
Noticias
Suscripción a Boletín



 

 
Palabras iniciales

texto1.jpgLa Universidad requiere -como nunca antes- de la comprensión de todos, siendo ésta una condición  transversal para los objetivos que duramente lograremos al cabo de unos años más.  Las mejores soluciones técnicas pueden devenir inservibles si no  sumamos a ellas la capacidad para ponernos de acuerdo. En los tiempos difíciles que vivimos y seguiremos padeciendo todavía por unos años, aun cuando tengamos un nuevo Rector,  la mesura y la sobriedad de los ánimos serán la mayor riqueza. El voluntarismo y la obstinación, aun cuando estén plenos de ideales sublimes, pueden convertirse en el peor menoscabo para sacar a nuestra institución de la precariedad en que se halla.

Durante el año pasado la universidad se vio sometida a un colapso en su gobernabilidad que no fue más que el resultado de largos años de desaprensión, incompetencia y aplicación de un modelo de administración cuyas consecuencias negativas no es necesario repetir ni explicar. Todos tenemos ahora la misma responsabilidad y obligación moral de rectificar el rumbo y de restablecer condiciones de gobernabilidad y desarrollo para la Universidad.   Nuestra crisis no es un manipulado juego de imágenes negativas, ni de falta de confianza o de expectativas, pues el endeudamiento y los respectivos créditos de nuestros acreedores no existen como simples ficciones jurídicas. Las dificultades de hoy tampoco son obra de la denuncia estudiantil, los problemas que tenemos son reales, no inventados, y requieren de respuestas y medidas que necesitamos concordar institucionalmente y poner en ejecución cuanto antes.

Considero que la experiencia vivida exige un gobierno universitario respetuoso de los procedimientos institucionales y de los límites legales y éticos propios de la dignidad y decoro inherentes  a la función universitaria. Como consecuencia de lo anterior, es urgente iniciar cuanto antes una discusión amplia, que integre a todos los miembros de la comunidad universitaria, acerca de los estatutos que regirán nuestra vida institucional futura. En esta tarea debemos dar respuesta a dos objetivos fundametexto_2.jpgntales. Por una parte, asegurar un orden institucional participativo e inclusivo de los diversos actores de la vida universitaria, y por otra, elevar nuestra capacidad para responder con eficiencia y dinamismo a las crecientes demandas de la sociedad contemporánea.      

Un nuevo Rector está llamado especialmente a proponer y ofrecer una conducción para nuestras propias capacidades y a generar condiciones de armonía para los urgentes desafíos que tenemos. De lo mismo se sigue que una candidatura a Rector es ante todo un acto de compromiso para ponerse a disposición de la comunidad, especialmente en tiempos y escenarios tan complejos para una Universidad pública como la nuestra, que debe seguir cumpliendo  su rol para asegurar equidad en el acceso a la educación superior. Me anima la convicción de que nuestra adversidad se explica también por hallarnos ante una sociedad y un estado cuya indiferencia desconocen hoy el valioso aporte que nuestras universidades han hecho a la tradición republicana y a la construcción de la nación.          

En el contexto de estos principios y propósitos pongo a disposición de la comunidad las líneas programáticas que creo nos permitirán, sobre la base del esfuerzo y el trabajo colectivos, mirar con realismo y renovada esperanza el futuro de la Universidad de Valparaíso.